Mostrando entradas con la etiqueta Enseñanzas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Enseñanzas. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de junio de 2021

Con mi música y la Fallaci a otra parte.

Después de muchos, muchos años, hoy di clase en la universidad por última vez.
No dictaré clases allí el semestre que viene y no sé si volveré algún día a dictar clases en una licenciatura en comunicación.
Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla.
Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan ante muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies.
Claro, es cierto, no todos son así.
Pero cada vez son más.
Hasta hace tres o cuatro años la exhortación a dejar el teléfono de lado durante 90 minutos -aunque más no fuera para no ser maleducados- todavía tenía algún efecto. Ya no. Puede ser que sea yo, que me haya desgastado demasiado en el combate. O que esté haciendo algo mal. Pero hay algo cierto: muchos de estos chicos no tienen conciencia de lo ofensivo e hiriente que es lo que hacen.
Además, cada vez es más difícil explicar cómo funciona el periodismo ante gente que no lo consume ni le ve sentido a estar informado.
Esta semana en clase salió el tema Venezuela. Solo una estudiante en 20 pudo decir lo básico del conflicto. Lo muy básico. El resto no tenía ni la más mínima idea. Les pregunté si sabían qué uruguayo estaba en medio de esa tormenta. Obviamente, ninguno sabía. Les pregunté si conocían quién es Almagro. Silencio. A las cansadas, desde el fondo del salón, una única chica balbuceó: ¿no era el canciller?
Así con todo.
¿Qué es lo que pasa en Siria? Silencio.
¿De qué partido tradicionalmente es aliado el PIT-CNT? Silencio.
¿Qué partido es más liberal, o está más a la "izquierda" en Estados Unidos, los demócratas o los republicanos? Silencio.
¿Saben quién es Vargas Llosa? ¡Sí!
¿Alguno leyó alguno de sus libros? No, ninguno.
Conectar a gente tan desinformada con el periodismo es complicado. Es como enseñar botánica a alguien que viene de un planeta donde no existen los vegetales.
En un ejercicio en el que debían salir a buscar una noticia a la calle, una estudiante regresó con esta noticia: todavía existen kioscos que venden diarios y revistas.
En la Naranja Mecánica, al protagonista le mantenían los ojos abiertos con unas pinzas, para que viera una sucesión interminable de imágenes, veloces, rápidas, violentas.
Con la nueva generación no se necesitan las pinzas.
Una sucesión interminable de imágenes de amigos sonrientes les bombardea el cerebro. El tiempo se les va en eso. Una clase se dispersaba por un video que uno le iba mostrando a otro. Pregunté de qué se trataba, con la esperanza de que sirviera como aporte o disparador de algo. Era un video en Facebook de un cachorrito de león que jugaba.
El resultado de producir así, al menos en los trabajos que yo recibo, es muy pobre. La atención tiene que estar muy dispersa para que escriban mal hasta su propio nombre, como pasa.
Llega un momento en que ser periodista te juega en contra. Porque uno está entrenado en ponerse en los zapatos del otro, cultiva la empatía como herramienta básica de trabajo. Y entonces ve que a estos muchachos -que siguen teniendo la inteligencia, la simpatía y la calidez de siempre- los estafaron, que la culpa no es solo de ellos. Que la incultura, el desinterés y la ajenidad no les nacieron solos. Que les fueron matando la curiosidad y que, con cada maestra que dejó de corregirles las faltas de ortografía, les enseñaron que todo da más o menos lo mismo.
Entonces, cuando uno comprende que ellos también son víctimas, casi sin darse cuenta va bajando la guardia.
Y lo malo termina siendo aprobado como mediocre; lo mediocre pasa por bueno; y lo bueno, las pocas veces que llega, se celebra como si fuera brillante.
No quiero ser parte de ese círculo perverso.
Nunca fui así y no lo seré.
Lo que hago, siempre me gustó hacerlo bien. Lo mejor posible.
Justamente, porque creo en la excelencia, todos los años llevo a clase grandes ejemplos del periodismo, esos que le encienden el alma incluso a un témpano. Este año, proyectando la película El Informante, sobre dos héroes del periodismo y de la vida, vi a gente dormirse en el salón y a otros chateando en WhatsApp o Facebook.
¡Yo la vi más de 200 veces y todavía hay escenas donde tengo que aguantarme las lágrimas!
También les llevé la entrevista de Oriana Fallaci a Galtieri. Toda la vida resultó. Ahora se te va una clase entera en preparar el ambiente: primero tenés que contarles quién era Galtieri, qué fue la guerra de las Malvinas, en qué momento histórico la corajuda periodista italiana se sentó frente al dictador.
Les expliqué todo. Les pasé el video de la Plaza de Mayo repleta de una multitud enloquecida vivando a Galtieri, cuando dijo: "¡Si quieren venir, que vengan! ¡Les presentaremos batalla!".
Normalmente, a esta altura, todos los años ya había conseguido que la mayor parte de la clase siguiera el asunto con fascinación.
Este año no. Caras absortas. Desinterés. Un pibe despatarrado mirando su Facebook. Todo el año estuvo igual.
Llegamos a la entrevista. Leímos los fragmentos más duros e inolvidables.
Silencio.
Silencio.
Silencio.
Ellos querían que terminara la clase.
Yo también.


Enlace post: http://leonardohaberkorn.blogspot.com/2015/12/con-mi-musica-y-la-fallaci-otra-parte.html
Fotograma: La Naranja Mecánica.

viernes, 4 de junio de 2010

El brazalete y el perfume.

Hubo una vez una profesora de 5º, que siempre que iniciaba el curso lo hacía contándole una mentira a sus alumnos. Ella les aseguraba que siempre trataba a todos los chicos y chicas por igual.
Este curso y en la primera fila se sentaba un niño desarrapado, sucio, andrajoso, que a veces olía hasta mal, y era bastante desagradable.
Este niño casi no se relacionaba con nadie pues todo el mundo le daba de lado, y la maestra no hacía nada para integrarlo dentro de alguno de los grupos de juegos, que se formaban en los recreos por temor a las posibles quejas que pudiera recibir de los padres, por mezclar a sus hijos con este chico.
Cuando le entregaba sus tareas corregidas, la maestra acrecentaba aún más la situación de este chico, porque se las remarcaba con un gran cero en rojo, lo cual servía para que los demás niños se mofaran de él.
Un día, ya cansada del retroceso que experimentaba día a día este niño, pidió su expediente para incluir un informe desfavorable dirigido a la dirección del centro escolar, para intentar quitárselo del medio. Los maestros tenían la obligación de leerse los expedientes de sus alumnos al comenzar el curso, pero la dejadez de esta maestra ante este niño, hizo que no lo hiciera hasta bien avanzado el curso y por los motivos ya reseñados, si no, incluso ni lo hubiera leído.
Su profesora de 1º había escrito: “Es un niño muy brillante con una sonrisa sin igual. Hace su trabajo de una manera limpia y tiene muy buenos modales, es un placer tenerlo cerca".
Igualmente su profesora de 2º escribió: “Es un excelente estudiante, se lleva muy bien con sus compañeros, pero se nota preocupado porque su madre tiene una enfermedad incurable y el ambiente en su casa debe ser muy difícil".
La de 3º escribió: "Su madre ha muerto, ha sido muy duro para él. Trata de esforzarse, pero su padre no muestra mucho interés y el ambiente en su casa le afectará pronto si no se toman ciertas medidas".
Por último su profesora de 4º escribió: “Se encuentra atrasado con respecto a sus compañeros y no muestra mucho interés en la escuela. No tiene muchos amigos y en ocasiones se duerme en clase".
En este momento, su maestra apenada consigo mismo, comenzó a comprender el porqué de muchas cosas, asumiendo el error que había cometido, y cambiando totalmente su actitud hacia aquel chico.
El día en el que comenzaban las vacaciones de Navidad, todos los alumnos se presentaron con un regalo para la maestra, y ella comenzó a sentirse mal cuando sus alumnos les llevaron sus regalos de Navidad, envueltos en papel brillante con preciosos lazos, con respecto al que le entregaba este chico triste y solitario. Su regalo estaba mal envuelto con un papel amarillento, que él mismo había cortado de una bolsa de papel.
Le dio pánico abrir ese regalo delante de los otros alumnos. Algunos niños comenzaron a reír cuando ella encontró un viejo brazalete y un frasco de perfume con sólo un cuarto de su contenido.
Ella detuvo las burlas de los niños al exclamar lo precioso que era el brazalete, mientras se lo probaba y se colocaba un poco del perfume en su muñeca.
El chico al ver aquello, y con lágrimas en los ojos dijo: “Sra. maestra, en el día de hoy usted huele como solía oler mi mamá".
Seguramente fue el mejor regalo, que recibió aquella maestra en toda su vida profesional.
Nota: Esta historia es una adaptación de otra, que escribió Marian Benedit titulada “La maestra Rodríguez”.
Ilustración: Cuadro de John George Brown

martes, 13 de abril de 2010

Para ser generoso hay que ser humilde.

Sonríe, por favor.
Muy bien.
Ahora, deshazte de todo indicio pesimista.
Respira profundamente y mantén una actitud amable, abierta y bondadosa.
Bien, ahora ya puedo comenzar:
Pablo y Francisco compartían la habitación de un hospital. Ambos estaban seriamente enfermos.
Solo a Pablo se le permitía sentarse en la cama una hora al día, porque eso le ayudaba a drenar los fluidos de sus pulmones, mientras que Francisco y debido a la gravedad de su enfermedad, yacía postrado siempre en la cama debido a la gran cantidad de tubos y aparatos que tenía conectados a su cuerpo.
Francisco era diariamente un mar de quejas y lamentos, que cada vez lo inclinaban más hacia el abismo de la depresión. Ambos se pasaban horas y horas, hablando de tiempos mejores, de sus familias, de sus trabajos perdidos, de sus sueños incumplidos, de sus pensamientos más profundos, y sobre todo de lo poco que les quedaba de vida.
Pablo era a la vez el que estaba más cerca de la ventana, el cual cada tarde se incorporaba en la cama y le narraba con todo lujo de detalles a su compañero todo lo que veía a través de ella.
Para aquel hombre que casi no se podía ni mover, era el mejor momento del día. Cerraba los ojos y comenzaba a vivir como si su mundo se agrandara por momentos y entonces comenzaba a revivir toda esa actividad del mundo exterior que tanto anhelaba, y que su compañero de habitación, con una voz pausada y sosegada, tan amablemente le describía.
Con sus relatos, lo hacía vibrar, transportándolo hacia una cotidianidad, la cual hacía ya bastante tiempo que dejó de disfrutar debido a su grave enfermedad.
Una oscura y desapacible mañana de invierno, los pulmones de Pablo no aguantaron más y amaneció muerto. Todo sucedió durante la noche, mientras dormían tranquilamente.
Transcurridas unas horas desde el fatal desenlace, Francisco le pidió a una enfermera si podía ser trasladado cerca de la ventana, la cual accedió. Estaba ansioso por comprobar con sus propios ojos todo aquello que su compañero Pablo le había estado describiendo cada tarde durante los últimos meses. Sacando fuerzas de donde pudo y ayudado por la enfermera, se incorporó sobre su cama, y vio que a través de la ventana solo se veía una pared blanca.
El hombre, extrañado, sorprendido y bastante contrariado, le comentó a la enfermera que no comprendía por qué su compañero lo había estado engañando de aquella forma durante tanto tiempo. A lo que la enfermera le contestó: Este hombre estaba lleno de tanta bondad, que hasta se olvidaba de si mismo. Quizás su intención solo fue la de ayudarle psíquicamente, e intentar darle los mayores ánimos posibles, para que su corazón no se fuera apagando lentamente, puesto que su compañero no veía ni la pared blanca. Por que, ¿sabe usted?, era ciego.
Qatsi.
Nota: Este relato es una adaptación de un cuento anónimo, que hace un tiempo leí en la red.
Fotografía: http://www.diariosur.es/prensa/noticias/200901/09/fotos/366246.jpg

jueves, 20 de agosto de 2009

Ese chico triste y solitario.

¡¡Negro de mierda!!, ¡¡Macaco!!, ¡¡Muerto de hambre!!
Recuerdo lo crueles que eran los demás chicos con él.
Era un chico triste y solitario. En su rostro solo se dibujaba aquella permanente mirada vacía, distraída y sin esperanza, que le rodeaba toda su carita. Jamás hablaba con nadie, tampoco exteriorizaba su enfado, solo apretaba los dientes y pasaba página, asumiendo esa enorme humillación a la que estuvo constantemente sometido por una sociedad cruel e injusta, por el simple hecho de pertenecer a una raza distinta.
Yo era su compañero de clase, o mejor dicho, el que se sentaba a su lado, porque apenas nos dirigíamos la palabra.
Su padre Ibrahim Mensah había nacido en Ghana y le había ganado la batalla al Estrecho de la Muerte, montado en una patera, huyendo del hambre, la guerra, la pobreza y la desesperación.
Durante muchos años tuvo que trabajar muy duro para abrirse camino hasta que al fin pudo conseguir la ansiada nacionalidad. Se casó con Laura, aquella chica bella e inquieta, valiente de la vida, que tuvo que armarse de valor en aquella época para saltar aquella barrera casi infranqueable, que suponía casarse con un chico negro.
Al poco tiempo nació Samuel, el cual llenó de alegría aquella casa en la que se habían instalado Laura e Ibrahim desde que se casaron, en aquel típico pueblo en el que todos se conocen, y que nunca llegó a aceptar aquel matrimonio.
En aquel pueblo todo eran hacia ellos calumnias, críticas, murmuraciones, y como producto de esas ofensas vertidas por sus vecinos, los Mensah decidieron vivir aislados de todos esos indeseables, evitando tener demasiado contacto con ellos.
A medida que iba creciendo este chico silencioso y reservado, iba a la vez aprendiendo a vivir fuera de su familia en lo más profundo de las soledades, ajeno a todo lo que pasaba a su alrededor, divirtiéndose dando de comer a las palomas en uno de los rincones más bellos que existían a la salida del pueblo.
Una tarde ya a oscurecido, cuando volvía a su casa, fue abordado violentamente por tres niños de su misma edad y que a penas pasaban de los 10 años, infringiéndole una soberana paliza a base de puñetazos y patadas, todo esto acompañado por los peores insultos que se le pueden dirigir a un niño. El pobre Samuel quedó inconsciente tendido en el suelo, lleno de sangre y de barro.
Pero lo peor de todo esto no fueron las dos costillas rotas, ni la gran cantidad de contusiones y moratones que tenía por todo el cuerpo y en especial en la cara, sino la humillación tan grande a la que estuvo sometido, cuando lo desnudaron y lo arrastraron por todo el barro y el lodo que había en aquel lugar, mientras los tres chicos reían y reían sin parar.
Tardaron mucho tiempo en localizarlo. Tanto, que cuando lo ingresaron en el hospital los médicos tuvieron rápidamente que intervenirlo quirúrgicamente, porque su vida corría serio peligro. Estuvo entre la vida y la muerte más de 48 horas, pero gracias a la fortaleza física que poseía este chico, al final se fue recuperando muy lentamente de todas sus lesiones.
Les costo muchos meses a Laura y a Hibrahin, que su hijo volviera a ser aquel chico que había sido años atrás, aunque siempre sumido en su soledad.
Nunca llegaron a coger a los culpables, porque Samuel perdió la noción de todo ese tiempo, y no recordó nunca quienes le marcaron para siempre aquella tarde.
Pasados un par de años, un día a la salida del colegio alguien le esperaba. Se sorprendió mucho, porque él iba y venía siempre solo. Era una asistenta social, la cual le comunicó la muerte de sus padres en un desdichado accidente de tráfico. Una curva fatídica les quitó la vida.
Se quedó estático, con la mirada perdida en el horizonte, sin llorar, sin decir nada. Aquella terrible estampa de dolor, fue la peor que jamás haya contemplado. Desde aquel día, Samuel se sumió en lo más profundo de su ser, y ahí continuó invadido por una tristeza desgarradora, que sacudió su vida con una violencia desmesurada.
Pasaron los años y Samuel con sus 18 años, seguía sumido en la mayor de las tristezas, cuando un día un grupo de chicos se burlaban con los ya cansinos comentarios de siempre. Entonces aparecí en escena, cuando ya lo tenían agarrado para golpearle, y pude disuadirles para que lo dejaran en paz. Esa vez no recibió ningún golpe, pero cuando se quedó solo, Samuel entró en barrena y comenzó a llorar, y a llorar, y a llorar, de una forma tan desgarradora y desconsolada, como jamás así había visto llorar a nadie.
Al día siguiente no fue al instituto, ni al siguiente, ni al siguiente.
Desapareció de la casa de acogida donde se alojaba, sin llevarse nada y sin que nadie supiera a donde había ido.
Al tercer día encontraron su cuerpo entre la maleza del lugar donde solía dar de comer a las palomas cuando era niño. Entre sus brazos encontraron la foto que hacía años se hiciera con sus padres en ese mismo lugar. Murió abrazado a ellos.
Yo entré en una profunda depresión, de la cual hoy en día sigo medicándome por estos terribles sucesos acaecidos, que me salpicaron a mí cuando tenía diez años.
Porque, yo…., yo…., yo…., era uno de esos niños, que aquel malogrado día torturó y humilló a un inocente de color.
 
Este cuento es una adaptación del original publicado en la siguiente página web: http://www4.loscuentos.net/cuentos/link/238/238222/
Enlace de la fotografía: http://ralphzapata.files.wordpress.com/2008/05/soledad.jpg

domingo, 19 de julio de 2009

¿Qué quieres ser de mayor?

- No entiendo nada. Le decía un chico de 11 años a su amigo camino del colegio.
- ¿Porqué? Le preguntaba el otro chico.
- Resulta que mis padres me han castigado.
- ¿A ti? ¿Con las notas que sacas?
- El tutor le ha contado a mis padres lo que contesté el otro día, en la encuesta que nos hicieron en el cole, cuando nos preguntaron lo que quería ser de mayor.
- Yo he contestado con toda sinceridad, y me han prohibido jugar a la consola porque dicen que los juegos con los que me divierto tienen la culpa de todo, y sin embargo me dejan ver la televisión.
- Me han castigado por decir la verdad, cuando ellos me han enseñado que es muy importante decir la verdad y no mentir.
- Y encima me amenazan con persistir en el castigo hasta que no cambie mi respuesta.
- Lo podría hacer sin problemas, pero ¿para qué les serviría, si mi pensamiento seguiría siendo el mismo?
- Y, ¿qué fue lo que les dijiste que querías ser? Le preguntó el amigo sorprendido.
- Pues, quiero ser francotirador.
Los hijos comienzan por amar a los padres. Cuando ya han crecido, los juzgan, y, algunas veces, hasta los perdonan. (Oscar Wilde)
Qatsi.
 

domingo, 5 de julio de 2009

Sin prisa pero sin pausa.

Aunque fue en Italia, allá por el año 1986, cuando comenzó un movimiento denominado Slow, ha sido en Suecia, uno de los países con más criterio que conozco, donde ha calado con más profundidad esta corriente cultural.
Trabajar sin prisas es el mayor descanso para tu cuerpo.
Como fruto de su madurez, ahora esta gente nos presenta la cultura del Slow Down totalmente implantada dentro de su sociedad, dándonos una vez más una lección de vida.

Hacer varias tareas a la vez, es no hacer ninguna bien.
Esta cultura promueve calmar nuestra actividad humana, sucumbiendo ante la tranquilidad, el sosiego, la placidez, y combatiendo esa ansiedad que nos envuelve diariamente, y que casi sin darnos cuenta nos esclaviza.
Disfruta sin prisas de la vida.
Este movimiento camina hacia la desaceleración de nuestra forma de vivir, para que podamos disfrutar y saborear más de nuestras vidas.
La vida es todo aquello que sucede mientras planeamos el futuro.
Todo esto es muy simple, solo hay que conseguir controlar al reloj y no al revés, una vez que hayamos conseguido esto, dominaremos al tiempo y no volveremos a estar sometidos todo el día a su tiranía.
Tómate tu tiempo diario para reflexionar.
Realmente esta cultura no es nueva, si no que se nos ha olvidado ejercerla con el paso de los años.
Vive para ti y no para el tiempo que ha de venir.
Así que desde aquí os animo, a que cuanto antes comencéis a bucear dentro de esta cultura del Slow, y ya veréis como poco a poco van desapareciendo esas caras de estreñidos, que se nos ponen por desgracia demasiadas veces al día.
Qatsi.

Enlaces : http://movimientoslow.com/es/filosofia.html
Os podéis descargar un PowerPoint muy interesante en este enlace:
http://www.powerpoints.org/presentacion_6894_La-cultura-del-Slow-Down.html

sábado, 4 de julio de 2009

El ejemplo es el único discurso, que no necesita palabras.

La gente hecha de esta pasta, como Vicente Ferrer, no debería de morir nunca.
Pasó de políticos, de obispos, de empresarios, de banqueros, de periodistas, de militares y de todos aquellos hipócritas y estúpidos, que él creía que podían ser una amenaza para realizar su labor.
Las cifras del milagro de Anantapur son espectaculares: 2,5 millones de personas de los cuatro que pueblan el distrito se benefician de la FVF en 2.000 pueblos, se han construido 30.000 viviendas, tres hospitales, un centro de lucha contra el sida y 14 clínicas rurales. Casi 170.000 niños estudian en más de 1.600 escuelas; 15.000 niños discapacitados tienen un futuro gracias a los 1.300 centros especializados con los que ahora cuentan. El agua ya no es tan escasa gracias a los miles de pozos y a los cerca de 2.300 embalses que garantizan dos y hasta tres cosechas al año. Desde España, 135.000 personas apadrinan a 150.000 niños.
Toda una vida para envidiar y respetar, ¿verdad?
Qatsi
Enlaces: http://www.fundacionvicenteferrer.org/esp/index.php
http://www.abc.es/20090628/sociedad-/vicente-ferrer-hombre-lleno-20090628.html

martes, 7 de abril de 2009

¿Quién quiere ser pobre?

Érase una vez una familia bastante acomodada, que vivía en la ciudad.
Los padres muy orgullosos de lo que habían conseguido en la vida, quisieron enseñarle a su hijo como se vivía siendo pobre, para resaltar aún más lo que habían atesorado a lo largo de los años, y que su hijo los valorara todavía más y creciera su grado de admiración hacia ellos.
Para lo cual, eligieron convivir durante tres días completos, con una familia muy humilde, que vivía en una casita en el campo y en lo alto de una sierra.
Cuando hubo terminado la convivencia, y ya de vuelta a la ciudad, los padres le preguntaron a su hijo, por la experiencia vivida.
El hijo pensativo y con la mirada perdida en la lejanía les contestó que había sido una experiencia, que jamás olvidaría en su vida.
Los padres hinchados en su ego por lo que acababan de oír, y para aumentarlo un poco más, le preguntaron a su hijo qué les contara lo que había aprendido.
A lo que el hijo le respondió:
Nosotros disfrutamos de solo un perro y ellos disfrutan de varios, además de ciervos, perdices, conejos, y demás animales que habitan en el monte.
Nosotros vivimos rodeados de insoportables ruidos, prisas, atascos, y ellos viven con la tranquilidad, el sosiego y la paz que transmite el campo.
Nosotros tenemos una piscina con el agua estancada casi todo el año, y ellos tienen un río sin fin, de agua cristalina, donde habitan pececillos, ranas, tortugas y otras especies de gran belleza.
• Nosotros importamos lámparas de Oriente para alumbrar nuestro jardín, mientras que ellos se alumbran con las estrellas y la luna.
• Nuestro patio llega hasta la cerca, y el de ellos llega al horizonte.
• Nosotros compramos nuestra comida, y ellos siembran y cosechan lo que comen.
• Nosotros estamos todo el día respirando humos, y ellos disfrutan de ese agradable olor a campo y de esas aromáticas flores silvestres.
• Nosotros oímos CD's, y ellos escuchan una perpetua sinfonía de jilgueros, ruiseñores, mirlos, ranas, grillos y otros animalillos.
• Nosotros cocinamos en cocinas eléctricas, y ellos todo lo que comen tiene ese glorioso sabor del fogón de leña.
• Para protegernos, nosotros vivimos rodeados de muros, alarmas, puertas de seguridad, y ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la amistad de sus vecinos.
• Nosotros vivimos enchufados al teléfono, al ordenador, al televisor, a la play, y ellos en cambio, están conectados a la vida, al cielo, al sol, al agua, al verde del monte, a los animales, a sus siembras, a su familia.
Al oír todo aquello, los padres se quedaron estupefactos y perplejos.
Entonces, el hijo sin malicia ninguna, y viendo las caras que se le habían quedado a sus padres, les apostilló:
Os doy las gracias, por haberme enseñado lo pobres que somos.
Qatsi.
Enlaces:
http://www.geocities.com/fedeortiz/historias/historias/ser-pobre.html
http://cvc.cervantes.es/actcult/paisajes/extremadura/ampliacion06.htm

lunes, 8 de diciembre de 2008

El discurso, que ningún hipócrita quiso ni difundir, ni publicar.

El pasado 7 de Mayo, en la 25 edición de los Premios Ortega y Gasset de Periodismo, el reportero gráfico Gervasio Sánchez fue galardonado con el premio de fotografía por su trabajo “Vidas minadas”, en el que retrata la brutalidad y el horror que dejan a su paso las bombas de racimo y las minas antipersonas.
Sí amigos, de esas minas que España ha estado vendiendo hasta antes de ayer.
Entre los presentes a este acto estaba toda la cúpula del Grupo Prisa, representantes de los principales medios de comunicación, el presidente del Senado, la vicepresidenta del gobierno, varios ministros y ex ministros, la presidenta de
la Comunidad de Madrid, el alcalde de Madrid, y un sin fin de autoridades todas ellas muy “respetables”.
Pues bien, aquí os dejo el discurso que pronunció Gervasio Sánchez, después de recoger su premio, y que no tuvieron más remedio que oír todas estas personas, y que ningún periódico, ni ninguna radio, ni ninguna televisión, quiso publicar o hacer mención a dicho discurso, ni siquiera el Diario El País, que convoca los premios.
Toda esta gente debió de pasar tanta vergüenza, si es que la tienen, que me imagino que se pondrían todos de acuerdo para no difundirlo, y así no tendrían que reconocer en público que son todos unos perfectos hipócritas de mierda.
“Esto sí, que es todo un ejemplo de coherencia y vida”.

Ahí va el discurso íntegro y el enlace donde podéis ver su trabajo premiado:

Estimados miembros del jurado, señoras y señores:

Es para mí un gran honor recibir el Premio Ortega y Gasset de Fotografía convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo.
Es un gran honor porque varios de mis mejores amigos a los que respeto profesionalmente pertenecen a la plantilla de este diario. Queridos Ramón Lobo, Guillermo Altares, Miguel Ángel Villena, Jorge Marirrodriga, Francesc Relea, Miguel Gener, Alberto Ferreras, Gorka Lejarcegui, incluso tú querido Alfonso Armada, a los que he nombrado y a los que tengo en mi mente, a todos vosotros que me apoyasteis en los momentos más duros os dedico este premio de todo corazón.
Quiero dar las gracias a los responsables de Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar. No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mieditor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y permitir que el proyecto Vidas Minadas al que pertenece la fotografía premiada tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.
Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofía Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años. Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad.
Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad. Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película Cuentos de la luna pálida de KenjiMizoguchi.
Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de la minas y al desminado.
Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.
Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo, cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.
Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos.
Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.
Muchas gracias.
Gervasio Sánchez
Enlace del trabajo premiado: http://www.elpais.com/fotogaleria/Vidas/minadas/anos/4694-1/elpgal//params/contenedora/FGLFotogaleriaStatic/4694/2/elpgal//

miércoles, 30 de enero de 2008

Terrible soledad.

Don Roque era ya un anciano cuando murió su esposa. Durante largos años había trabajado con ahínco para sacar adelante a su familia. Su mayor deseo era ver a su hijo convertido en un hombre de bien, respetado por los demás, ya que para lograrlo dedicó su vida y su escasa fortuna. A los setenta años, Don Roque se encontraba sin fuerzas, sin esperanzas, solo y lleno de recuerdos. Esperaba que su hijo, ahora brillante profesional, le ofreciera su apoyo y comprensión, pero veía pasar los días sin que este apareciera, y decidió por primera vez en su vida pedirle un favor. Don Roque tocó la puerta de la casa donde vivía el hijo con su familia.
-¡Hola papá, qué milagro que vienes por aquí!
-Ya sabes que no me gusta molestarte, pero me siento muy solo; además estoy cansado y viejo.
-Pues a nosotros nos da mucho gusto que vengas a visitarnos, ya sabes que ésta es tu casa.
-Gracias hijo, sabía que podía contar contigo, pero temía ser un estorbo.
Entonces, ¿no te molestaría que me quedara a vivir con vosotros? ¡Me siento tan solo!.
-¿Quedarte a vivir aquí? Si... claro...pero no sé si estarías a gusto. Tu sabes, la casa es chica...mi esposa es muy especial...y luego los niños...
-Mira, hijo, si te causo muchas molestias olvídalo. No te preocupes por mí, alguien me tenderá la mano.
-No padre, no es eso. Sólo que...no se me ocurre donde podrías dormir. No puedo sacar a nadie de su cuarto, mis hijos no me lo perdonarían...o solo que no te moleste...
-¿Qué hijo?
-Dormir en el patio...
-Dormir en el patio... está bien.
El hijo de Don Roque llamó a su hijo de doce años.
-Dime papá.
-Mira, hijo, tu abuelo se quedará a vivir con nosotros. Tráele una manta para que se tape en la noche.
-Si, con gusto...y ¿dónde va a dormir?
-En el patio, no quiere que nos incomodemos por su culpa.
Luis subió por la manta, tomó unas tijeras y la cortó en dos. En ese momento llegó su padre.
-¿Qué haces Luis? ¿Por qué cortas la manta de tu abuelo?
-Sabes papá estaba pensando...
-¿Pensando en qué?
-En guardar la mitad de la manta para cuando tú seas ya viejo y vengas a vivir a mi casa.
Autor anónimo.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Nochebuena.

Fernando Silva dirige el hospital de niños en Managua.
En vísperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. 
Ya estaban sonando los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. 
En su casa lo esperaban para festejar.
Hizo una última recorrida por las salas, viendo si todo queda en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían. 
Unos pasos de algodón; se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba atrás. 
En la penumbra lo reconoció. 
Era un niño que estaba solo. 
Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedían permiso.
Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano:
-Decile a... -susurró el niño-
Decile a alguien, que yo estoy aquí.
Eduardo Galeano.

jueves, 6 de diciembre de 2007

El mejor regalo.

A medida que pasa el tiempo nos vamos dando cuenta, que palabras como moderación, humildad o sencillez desaparecen en estas fechas Navideñas de nuestros vocabularios, tanto es así que algunos olvidan totalmente su significado, su importancia, su sentido y su valor.
Que pena, ¿verdad?
Estos días, por las calles no dejamos de ver a una marea de gentes corriendo de un lado para otro, a veces sin rumbo, contagiadas en una carrera frenética hacia la búsqueda del regalo más caro, o el más original.
De vez en cuando, algunos se paran porque no tienen el dinero suficiente, pero solo es un espejismo, porque cuando piensan en los regalos soñados para sus hijos, automáticamente tiran de tarjeta y vuelven a formar parte de esa marea de buscadores.
Saben muy bien, que podrán pagar esas deudas, una vez más, en cómodos plazos de sacrificio, y además piensan que en sus casas sabrán entender y valorar esos sacrificios, cuando tengan que trabajar algunas tardes-noches y fines de semana.
De vez en cuando el "ayatollah" de las calles les aclama:
¡¡¡Corre como el resto!!!
¡¡¡No te quedes rezagado!!!
Si no tienes dinero, ¡¡¡Endéudate!!!
Es tarde. Las campanadas de las diez suenan de fondo en el reloj de la torre.
Un niño solitario en su cama piensa en su carta al Rey Mago. Sabe que hizo méritos, y piensa que su sueño por fin se hará realidad.
Querido Rey Melchor:
Este año, quiero como regalo, poder disfrutar más de mi papá y de mi mamá.......
Qatsi.

domingo, 19 de agosto de 2007

37.- Vive y deja vivir.

Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux, que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros de nombre Toro Bravo, y Nube Alta la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.
- Nos amamos, dijo el joven.
- Y nos vamos a casar, dijo ella.
- Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos. Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.
- Por favor, repitieron ¿hay algo que podamos hacer?
El viejo hechicero los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.
- Hay algo........ dijo el viejo después de una larga pausa. Pero no sé......es una tarea muy difícil y sacrificada.
- No importa, dijeron los dos jóvenes. Lo que sea, ratificó Toro Bravo.
- Bien, dijo el brujo. Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste?
La joven asintió en silencio.
- Y tú, Toro Bravo, siguió el brujo, deberás escalar la Montaña del Trueno. Cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas, y solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mi, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta.......¡salgan ahora!
Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur.... El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.
El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo las aves cazadas. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.
- ¿Volaban alto? preguntó el brujo.
- Sí, sin duda. Como lo pediste... ¿y ahora?, preguntó el joven, ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre?
- No, dijo el viejo.
- Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne, propuso la joven.
- No, repitió el viejo. Harán lo que les digo: Tomen las aves y atenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero... Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.
El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar el vuelo, pero solo consiguieron revolcarse en el suelo. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse.
Este es el conjuro...
- Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos pero jamás atados.
Pero tened en cuenta, que para asumir en esta parcela de nuestras vidas el lema de "Vive y deja vivir", primero hay que comprender y entender perfectamente los conceptos de respeto y sinceridad.

miércoles, 30 de mayo de 2007

29.- Binta y la gran idea.

Hace unos meses y durante toda una semana, nuestro pueblo tuvo el privilegio de ser la sede central del I Festival Internacional CinePosible, que por cierto fue bastante escaso el público que asistió, a pesar de que todas las proyecciones fueron gratuitas.
Pues bien, uno de los impresionantes cortos que se proyectaron fue: "Binta y la gran idea". Este cortometraje de Javier Fesser, que pertenece a la película "En el mundo a cada rato", ha sido nominado para los oscar de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood. Se realizó con la colaboración del Comité Español de UNICEF y se estrenó en el año 2004.
Este corto muestra algunos de los problemas, a los que se enfrentan los niños y niñas del África subsahariana desde la dulce, inocente y optimista mirada de Binta, una niña de siete años que nos conduce a los espectadores hasta una aldea del sur de Senegal junto al río Casamance, donde vive y asiste todos los días al colegio. Su prima Soda no tiene la misma suerte. A ella no se le permiten aprender las cosas que ignora de este mundo, por eso Binta pone en marcha una obra de teatro infantil para mostrar el deseo de su prima de ir al colegio. Binta admira a su padre, un humilde pescador, que preocupado por el progreso de la humanidad, está empeñado en llevar a cabo una genial idea que se le ha ocurrido.
Después de la realización de este corto, Fesser confesó que: "Todos los miembros del equipo hubiéramos pagado dinero por tener el privilegio de hacer este trabajo y sin embargo UNICEF nos ha permitido realizarlo gratis. ¿Se puede pedir más? ¿Qué hemos hecho nosotros para merecer un regalo así?".
En casi todo el mundo las niñas cuentan con menos facilidades para finalizar sus estudios que los niños. Esta discriminación es a la vez una causa y efecto más de la pobreza. Las circunstancias que condenan a las niñas al analfabetismo, condenan también a la pobreza y a la desprotección a sus comunidades, a sus familias y a sus futuros hijos. Gracias al compromiso de algunos gobiernos e instituciones, cada vez más niñas pueden aprender y contribuir al desarrollo de sus países.
Os aconsejo, que perdáis 30 minutos de vuestro tiempo para ver este magnífico cortometraje, os garantizo que os vais a reír y a emocionar. Debería ser visto por todos.
Aquí tenéis el enlace: http://video.google.es/videoplay?docid=1814175740046170677
Qatsi.

sábado, 21 de abril de 2007

26.- Cosas que no se recuperan.

Una chica estaba aguardando su vuelo en una sala de espera de un gran aeropuerto. Como debía esperar por muchas horas, decidió comprar un libro para matar el tiempo. También compró un paquete de galletas.
Se sentó en un sillón de la sala VIP del aeropuerto para poder descansar y leer en paz. Al lado del sillón donde estaba la bolsa de galletas, se sentó un hombre que abrió una revista y comenzó a leer. Cuando ella tomó la primera galleta, el hombre también tomó una.
Ella se sintió indignada, pero no dijo nada. Apenas pensó: "Pero, que descarado". "Si yo estuviese más dispuesta le daría un golpe en el ojo para que nunca más se le olvide." Cada vez que ella tomaba una galleta, el hombre también tomaba una. Aquello la dejaba tan indignada que no conseguía reaccionar. Cuando quedaba apenas una galleta, pensó: "¡ah!... ¿qué será lo que este abusador va a hacer ahora?"
Entonces el hombre dividió la última galleta por la mitad, dejando la otra mitad para ella. ¡Ah! ¡Aquello era demasiado! ¡Se puso a bufar de la rabia!
Entonces cerró su libro y sus cosas y se dirigió al sitio de embarque.
Cuando se sentó confortablemente en su asiento, ya en el interior del avión, miró dentro de la bolsa y para su sorpresa su paquete de galletas estaba allí... ¡todavía intacto, cerradito! Sintió mucha, mucha, mucha vergüenza.
Sólo entonces percibió lo equivocada que estaba ¡Había olvidado que sus galletas estaban guardadas dentro de su bolsa!
El hombre había compartido sus galletas sin sentirse indignado, nervioso, consternado o alterado, mientras que ella quedó muy trastornada, pensando que estaba compartiendo las de ella con él. Y ya no hubo tiempo para dar explicaciones... ni para pedir disculpas.
Hay que ver. ¿Cuántas veces, en nuestras vidas, estamos comiendo las galletas de los demás y no somos conscientes de ello?
Moraleja:
¡Antes de llegar a una conclusión, observa mejor! ¡Tal vez las cosas no sean exactamente como piensas!
No pienses lo que no sabes acerca de las personas.
Todos debemos de saber que existen cuatro cosas en la vida que no se recuperan jamás:
- Una piedra después de haber sido lanzada.
- Una palabra, después de haber sido proferida.
- Una oportunidad, después de haberse perdido.
- El tiempo, después de haber pasado.

miércoles, 7 de marzo de 2007

21.- Elegía al idiota.

A veces vamos por la vida decidiendo sobre la marcha quienes son idiotas y quienes no lo son, pues bien, no hay mayor idiota que aquel que constantemente está despreciando a los demás. Por otra parte me gustan mucho las moralejas, pienso que te hacen pensar y son bastantes reflexivas, muchos momentos cotidianos de nuestras vidas encajan perfectamente con ellas, y apenas nos damos cuenta en esos momentos. Hace tiempo trasteando en Internet, topé con esta historia que os voy a relatar, creo que es muy interesante. Ahí va:
Se cuenta, que en un pueblo pequeño, un grupo de personas se divertía con el idiota del pueblo. Un pobre infeliz, de poca inteligencia, que vivía de changas y limosnas. Diariamente un grupo de personas lo llamaban al bar donde se reunían, y le ofrecían escoger entre dos monedas, una grande de 400 reales y otra pequeña de 2000 reales. Él siempre escogía la grande y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos.
Cierto día, alguien que observaba al grupo le llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido, que la moneda grande valía menos.
Lo sé, respondió, no soy tan bobo. Vale cinco veces menos, pero el día que escoja la otra, el jueguecito acaba y no voy a ganar más monedas.
Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones:
- La primera: Quién parece idiota, no siempre lo es.
- La segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos idiotas de la historia?
- La tercera: Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos.
Pero las conclusiones más interesantes son que:
- Podemos estar bien, aún cuando los demás no tengan una buena opinión sobre nosotros.
- Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan de nosotros, pero sí lo que realmente somos.
- El mayor placer de una persona inteligente, es aparentar ser idiota delante de un idiota, que aparenta ser inteligente.
Qatsi.